Si quieres ayudar de manera altruista y acoger de forma temporal a un perro, infórmate bien y busca opciones de acogida en tu ciudad, pregunta en asociaciones y protectoras de animales de tu zona.
Además de ayudar mucho a un perro que lo necesita, si es tu primera toma de contacto conviviendo con un can te puede servir para comprobar si podrías hacerlo de manera permanente. Y para las protectoras es indispensable.
Por qué ser casa de acogida
Perros con enfermedades crónicas, senior, que necesitan recuperarse de alguna operación, cachorros, con miedos o que haya que trabajar temas de comportamiento o sociabilidad… están mejor en una casa de acogida que pueda darle unos cuidados individualizados que en la protectora de animales, pero como es obvio, no todas las personas tienen la misma habilidad o experiencia para cuidar a uno u otro tipo de perro. Por lo tanto, existen casas de acogida más o menos especializadas que hacen trabajos enormemente buenos para un tipo de perros en particular.
Ante todo, piensa en la formación, la experiencia que tengas, el perfil de perro al que puedes ayudar y con el que tu familia humana, perruna y gatuna (u otras especies) sea compatible.
Si te animas a formar parte del equipo de casas de acogida de una protectora lo más normal es que tengas que completar un formulario y posiblemente te hagan una entrevista personal para conocer mejor tu experiencia y disponibilidad, para saber en qué casos podrían contar contigo.
Es una manera de colaborar de manera voluntaria y sin remuneración, aunque siempre la asociación se hace cargo de todos los gastos de alimentación, seguimientos y veterinarios que requiera el perro.
Y, ¿qué pasa si ya convives con otro/s perro/s u otros animales?
Cuando te planteas acoger un perro y ya tienes otros animales en casa hay que ser prudentes y valorar previamente los pros y contras, ¿va a ser una experiencia positiva y beneficiosa para todos o, por el contrario, por ayudar estaremos generando algunos problemas o afectando negativamente en el bienestar de alguna de las partes? Hay que reflexionar esta decisión ya que convivirá como uno más de la familia durante un tiempo.
Es importante priorizar el bienestar de los animales residentes en la casa: muchas veces el cambio constante de perros que van pasando en acogida se hace pesado y puede ocasionar que, si no se hace bien, tenga consecuencias negativas para nuestros compis.
También es esencial considerar épocas de descanso, acogidas más largas y valorar bien si el tipo de perro que vamos a acoger podrá congeniar con los nuestros o con cualquier otra especie que ya sea parte de la familia.
Responsabilidades de la casa de acogida
El objetivo de toda entidad de protección animal es que los animales que llegan tengan a su familia definitiva lo antes posible, y vivan lo mejor posible en el lugar de transición mientras la encuentran. Por eso, la labor de la casa de acogida es esencial y clave en el bienestar y el éxito de la adopción del perro y por eso la responsabilidad debe estar al mismo nivel.
Una buena casa de acogida ha de intentar, aunque lograrlo a veces no es fácil, todo esto:
- Entender al individuo que llega a su casa y darle motivos para confiar en el ser humano.
- Ofrecer a un perro que lo necesita un hogar de acogida o temporal donde pueda sentirse seguro.
- Ayudar a socializar correctamente y colaborar en su educación básica para que pueda adaptarse con más facilidad a su familia definitiva.
- Enseñarle a disfrutar de los paseos.
- Administrar al can la medicación que pueda necesitar, llevarle al veterinario para chequeos o controles
- Poner en práctica normas de convivencia neutras y no hacer al perro muy “tuyo”. Imagina, por ejemplo, que en la casa de acogida le dejan subir al sofá o a la cama y luego cuando es adoptado su nueva familia prefiere que no lo haga. Ambas normas pueden ser igual de aceptables pero si el perro ya se ha habituado a dormir en sofá o cama, revertirlo será algo más complicado. En cambio, si el can ha dormido en su camita y sabe estar en calma en momentos de ajetreo en casa, los adoptantes van a tener una convivencia más sencilla desde el inicio.
- Adaptarse al tipo de perro que vas a tener en acogida: No es lo mismo cuidar a un cachorro, que a un perro con miedos, a otro enfermo o a un perrete que no tiene problemas pero queremos educar para que la adaptación sea lo mejor posible.
- Valorar sus progresos: Es importante prestar atención, y disfrutar, de los progresos que hace el can en el día a día, así como comunicárselo a la protectora.
- Ser flexible y aprender de la experiencia ante todo.
¿Todo el mundo puede ser casa de acogida?
Sí, y no.
–SI
Sí estás dispuesto a formarte y ayudar a muchos perros de perfil específico. Siempre es recomendable que las casas de acogida tengan experiencia y/o ciertos conocimientos de educación canina. Cuando los perros han tenido una vida muy inestable pueden aparecer problemas de conducta inesperados.
–NO
No puedes si no estás preparado emocionalmente, por un lado, para acoger, establecer vínculos, y dejar marchar a los perros cuando son adoptados y, por otro lado, si tu situación no permite que entre otro perro a vivir contigo.
Ser casa de acogida también es vivir momentos emocionalmente complicados
Las personas y familias que hacen acogidas de manera recurrente necesitan pasar por ciertos procesos de gestión emocional que les van a facilitar mucho su labor altruista. El precio a pagar, emocionalmente, puede ser alto, pero también todo lo que te va a aportar.
Cuando acoges un perro, vives con él como si fuera tu propio compañero perruno. Es parte de la familia e, inevitablemente, se crean vínculos afectivos con los demás miembros de la casa. Y, aunque el objetivo final es que se vaya adoptado, cuando llega ese momento es duro dejarlos marchar. Estás todo el rato haciendo pequeños procesos de duelo y echando de menos a muchos animales por los que lo has dado todo, y a la vez te han hecho aprender un mundo.
Todo esto puede llevar a la decisión más fácil emocionalmente y, a la vez, más peligrosa: acabar adoptando a tu acogido. Es duro dejarlos marchar, sí, pero es más peligroso todavía querer quedártelos a todos.
Imagina que congenias muy bien con tu perro de acogida. Tus perros se llevan super bien con él, y todo va de maravilla en casa. Pero no te planteas nada hasta que aparece un adoptante interesado en él. En ese momento seguramente te planteas: ¿Y si se quedara a vivir aquí? ¿Y si con la familia de adopción no está tan bien como conmigo?
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Puede parecer muy fácil en las primeras acogidas pero es cierto que, si no dejas un espacio libre en tu casa para la siguiente, al final no vas a poder ayudar acogiendo a otros animales. Conocerás a muchos perros que serán adoptados felizmente gracias a tu labor como casa de acogida, puedes saber de ellos y cómo están en su nueva vida y, a la vez, ayudar a más perros que lo necesiten.
Un problema habitual de muchas protectoras de animales es que, al final, muchas casas de acogida tienen animales a largo plazo, durante años, se los acaban quedando en acogida permanente o adoptados, y la entidad pierde a un colaborador esencial.
Conclusiones
Hay perros que por edad, enfermedad crónica o carácter están mejor en una casa de acogida que pueda darle unos cuidados individualizados que en la protectora de animales.
Cuando te planteas acoger un perro y ya tienes otros animales en casa hay que ser prudentes y valorar previamente los pros y contras y es prioritario el bienestar de los animales residentes en la casa.
La labor de la casa de acogida es esencial y clave en el bienestar y el éxito de la adopción del perro y por eso la responsabilidad debe estar al mismo nivel.
Las personas y familias que hacen acogidas recurrentemente necesitan pasar por ciertos procesos de gestión emocional que les van a facilitar mucho su labor altruista.
Mitos
Aun siendo temporal, la acogida requiere compromiso: debes estar dispuesto a dedicar tiempo a conocer y atender las necesidades del perro.
Cuando una persona decide ser casa de acogida, debe comprometerse a hacerlo el tiempo que sea necesario y debe estar segura que puede responsabilizarse de todo lo que implica. Si una vez el can está en casa, descubres que o bien no disfrutas de la convivencia o es demasiado trabajo para ti, todas las partes saldrán perjudicadas.
Introducir un nuevo perro en casa con la esperanza de que “ayude” al tuyo no suele ser buena idea. Si bien en algunos casos la compañía de otro can equilibrado puede facilitar superar algunos miedos o inseguridades, lo más habitual es que el recién llegado se fije en tu peludo y “se contagie” de esos problemas. Además, la integración de un can siempre conlleva cierto estrés, lo que no beneficiará a las dificultades que tiene tu perro.